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Un estudio demuestra que el arroz transgénico modificado genéticamente no es "sustancialmente equivalente" al arroz parental no modificado. Informe: Claire Robinson y el profesor Michael Antoniou.
Tras una reciente entrevista en un podcast , nos preguntaron si existe alguna investigación científica sólida que analice las diferencias en la expresión génica o la composición molecular de las plantas genéticamente modificadas (GM) en comparación con las plantas cultivadas convencionalmente. Dado que se trata de una cuestión interesante e importante, consideramos que valdría la pena explorar las evidencias sobre las diferencias entre las plantas GM y las convencionales
Organismos genéticamente modificados de primera generación
Existen pruebas sólidas de cambios no deseados entre los organismos genéticamente modificados (OGM) de primera generación ("transgénicos", que implican la inserción aleatoria de genes extraños) y sus contrapartes no transgénicas. Por ejemplo, una revisión de estudios de perfilado molecular "ómicos" realizada por Benevenuto et al. (2022) concluyó: "Se han encontrado varias vías metabólicas alteradas en los estudios ómicos comparativos que evalúan los efectos no deseados en los cultivos transgénicos".
Provocó un punto de inflexión en el modelo productivo de Argentina y fue
cabeza de playa para los transgénicos en el Cono Sur. En un trámite
exprés, alineado con Estados Unidos y Monsanto, el gobierno de Carlos
Menem aprobó la semilla de soja transgénica que en poco tiempo sería
monocultivo y, casi, monocultura. Miles de familias desalojadas de sus
territorios, millones de hectáreas arrasadas, epidemias de enfermedades
vía agrotóxicos y, también, la persistencia de sembrar otro modelo. Tres
décadas de modelo transgénico.
Miles de millones de dólares. Es el aspecto que destacan los impulsores del modelo de agronegocio, con la soja transgénica como estandarte. Del otro lado de la balanza: epidemias de enfermedades en territorios fumigados con agrotóxicos, concentración de tierras en pocas manos, desaparición de 83.000 de pequeñas y medianas chacras, destierro de miles de familias rurales, ocho millones de hectáreas de bosque nativo arrasados, contaminación de agua, aire y tierra. Y, a pesar de todo, la decisión colectiva de organizarse, exigir justicia, sembrar vida y, en definitiva, construir territorios de dignidad.
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Incluso a mí, que llevo 20 años hablando de ello, me cuesta reconocerlo. No. Realmente no quiero verlo. Preferiría seguir “cuidándome”, manteniendo el equilibrio psicológico. Preferiría quedarme en el limbo de esta “era Sánchez” cuando la economía española parece que no van del todo mal y nos recuperamos del trauma de la crisis del 2008. Preferiría pensar que me equivoco, que las cosas van a ir lentas y todo es más progresivo de lo que pensamos los “agoreros”.
Pero la guerra lo ha precipitado todo. Y la guerra no se puede evitar, con la que ha habido ya es suficiente. A las instalaciones destruidas en el Golfo Pérsico, se suma esta semana el ataque a la terminal rusa de Novorossiysk, que reduce el 40% de la capacidad de exportación de petróleo rusa. Si mañana mismo EEUU, Israel e Irán firmasen un milagroso tratado de paz y el estrecho de Ormuz se volviera a reabrir, el daño ya estaría hecho. Ningún productor va a poder sustituir ese petróleo que ha sido retirado del mercado por la destrucción de infraestructuras.
El 80% de las reservas de petróleo del mundo se encuentran en países que ya han superado su cénit, países que llevan años sin poder aumentar su producción porque sus pozos están agotándose. Sólo Irán, Irak, Qatar, Oman, Emiratos, Canadá, EEUU, Arabia Saudi, Brasil, Kazajstán y Rusia no están ya en franco declive. Casi todos los países que podrían compensar el petróleo que no se exporta por la guerra están afectados por la guerra.
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https://contadashabas.wordpress.com/2026/03/27/y-ahora-que-hacemos/